Florencia
A Florencia .
Una noche llamada Florencia
agita el vientre
desenvolviendo frescas
y sinceras palabras cortas
e interminables.
Obtiene con descaro
el alago, la idolatría
merecidas sí,
a su delicada coquetería.
Se jacta de tener el encanto
necesario para devenir
la pasión de un mundano.
Risa y acento
hace que se aturda el tiempo. . .
el tiempo del gozo hablado
tratado.
Se acaba el verbo
y comienza lo cuerpo.
¡Y lo cuerpo viene dulce!
y morado y ciego y húmedo
y confiado(!!)
Pero terminas siendo fantasía
de uno que se hizo
de si mismo un ferviente
loco y traicionero enamorado.
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